Esta historia real pocos aquí la conocen, pero creo que muchos la deberían conocer. Era 2007, y estaba en pleno desmadre la Feria de San Marcos. Cierto amigo mío, a quien llamaremos Lalo, estaba dispuesto a encontrar novia entre las edecanes del evento, así que se fue de un extremo a otro de la Expo Plaza preguntando en todos y cada uno de los stands y a todas las chicas si tenían novio. A todas.

Pues, por extraño que parezca, todas esas chicas guapas y bien formadas habían logrado atraer a alguien que fuera su novio, así que mi cuate se fue con las manos vacías. Casi.

Resulta que entre las edecanes encontró a una chava que fue su novia menos de dos semanas en el 2003, y ella quedó en hablarle. Así lo hizo, emocionando sobremanera a Lalo, pero de inmediato le aclaró que el motivo de la llamada era para pedirle que saliera con una amiga de ella que acababa de cortar con el novio. Se puso medio emo de saber que la chava lo estaba echando a consolarse con una amiga, pero decidió ir a la cita a ciegas. Al fin que igual y la chica estaba mejor que su ex, la edecán.

La chica resultó bastante simpática y dispuesta a sacarse un clavo con otro clavo, y de inmediato se llevó bien con Lalo. A la chava la llamaremos Juanita, por decir algo. Siguieron saliendo en plan de amigos unas pocas semanas, y pronto Lalo me la presentó. Me cayó muy bien, tanto que le recomenndé a Lalo que no siguiera la costumbre de cagarla olímpicamente al putear la relación con su obsesión por su noviazgo de 11 años y casi matrimonio que habìa definido su vida adulta. Sí, dije 11 años. Duró todo eso aferrado a la misma mujer en una de las relaciones más destructivas, aberrantes y humillantes que haya visto.

Cuando ya llevaban como cinco semanas saliendo, le dije que se le lanzara a la chica para hacerla su novia, o la iba a perder por aburrimiento, ya que yo sí notaba lo que él no: que a la chava ya le urgía establecer una relación. Así que decidió lanzarse al ruedo.

¿Cómo lucía Juanita? A decir verdad no era realmente bonita del rostro, pues aunque era agradable a la vista y hacía buen uso del maquillaje, no era muy especial. Medía 1.52, apenas más que metro y medio, piel morena clara, con cabello oscuro y largo. Y, como me recalcó Lalo, se veía que tenía buenas bubis debajo de su ropa, casi siempre consistente en una falda corta y pegada, y algún saco corto, o algo que acentuara la voluminosidad de sus senos.

Emocionada, aceptó volverse la novia de Lalo. Y mi amigo, siendo un animal de impulsos muy primarios, desde los primeros días le dejó claro que ya le urgía tener sexo, porque ésa era su expresión máxima de amor, y quería demostrársela a ella. Pero ya. Para ayer.
La chica se hizo del rogar un par de semanas, y mi cuate acababa más caliente que aliviado con los fajes leves que Juanita le permitía. Para la tercera semana, Lalo me dijo que ya era un hecho que el sábado iban a ponerle. Finalmente, porque ya tenía que calarse con otra mujer que no fuera su ex y esa chica se le antojaba bastante. Ya casi sentía esas bubis prodigiosas en sus manos.

Llegando el sábado, de acuerdo a lo que me contó, aprovecharon que la casa de él estaría sola y se lanzaron a darle desahogo a sus calenturas. De inmediato mi amigo se quedó en calzones, y casi sin pre-calentar el caldo se puso a desvestir a Juanita. Zapatos, medias, chiqui-falda. Y Lalo, en el éxtasis, viviendo la escena que casi un mes había estado armando en sus desvelos porno.
Le quitó el saco. Fuera también el chaleco, fuera suéter, fuera faja, fuera camisa de manga lrga, fuera camisón. Ya la tenía enfrente, en ceñidos calzoncitos y abultado brassiere. La chica lo abrazó, con lo que él pudo pasar las manos a la espalda de ella y le zafó el seguro al bra. ¡Hora de las bubis!

La retiró un poco, para verla en su encuerado esplendor. Miró fijamente su cuerpo, luego profundamente miró sus ojos. Y de nuevo contempló su torso son la boca abierta. Respiró hondo para mirarla a los ojos, casi sin pestañear. Torso. Ojos. Torso. Ojos casi llorosos. Las manos de él se lanzaron a los hombros de ella, sosteníéndola a la tenue luz, mientras ella, en esa pausa, preguntó:
- ¿Qué pasa, amor? ¿Por qué te detienes? Dime algo.
Lalo no articulaba palabra alguna. Aún con las manos en los hombros de Juanita, incrédulo y suplicante, ansioso de carnalidad como sólo un hombre puede estarlo, logró dejar salir la urgente inquietud que le roía el alma en ese instante en una sola frase como ninguna otra:

- ¡¿Y LAS CHICHIS…?!
Como para mandarla enmarcar en letras de oro. Juanita, se zafó de él, se tapó con lo que pudo, le acomodó un cachetadón sonoro como aplauso de gorila, y recogió el bra más relleno de rellenos falsos imaginable. Se vistió para irse a su casa.

Mi buen amigo la llevó, no sin antes decirle que: “el ofendido debería ser yo, no tú, ¿cómo crees que me siento de saber que me engañaste, que te aprovechaste de que me gustan las tetas para hacerme tu novio? No mames, me mentiste con tu cuerpo, ¡y eso no se le hace a un hombre! Eso se llama fraude, chingada madre, ofrecer algo y no cumplir, ¿sí entiendes que hiciste mal?…”

Obviamente, la chava llegó a su límite y lo mandó de vuelta a satisfacer sus fantasías a base de faenas manuales.
2 comentarios
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Un-fackin-believable!! Jajaja, pocas veces me he cagado tanto de la risa, jajaja
Te digo, es una fábula para las generaciones, jajaja.